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11/6/13

TÍO RAIMUNDO (2º CLASIFICADO) Autora: Nuria García González

La misma mesa camilla de mi infancia. Sobre ella, los nervios de su mano juegan con
una pelota de goma. El tío Raimundo tiene una mirada imprecisa más allá del alféizar, detenida en algún punto del prado que le vio nacer. Ensaya una leve sacudida de cabeza hacia la puerta cuando la tía Conchita le anuncia mi llegada. La sala de estar está impregnada de un olor ambulatorio.

De golpe, mirando la flaca figura del tío desde el umbral, intento identificar en vano a otro tío Raimundo joven, vigoroso y niñero. Soltaba unas carcajadas tan escandalosas que la gente se daba la vuelta por la calle cuando nos llevaba a ese parque junto al río de León. Era el “tío el de los juegos”, del corre-que-te-pillo y de la sorpresa oculta en sus velludos puños. Un trilero hábil que movía botes y escondía pequeños objetos de cocina ante nuestro asombro infantil con la misma facilidad que arreglaba bicicletas desahuciadas y collares de cuentas imposibles.

“Fue coger la retreta* y enfermó nada más llegar. Tu prima tuvo que adelantar su boda”, me informa la tía, la cabeza gacha de pesar. Yo había escuchado historias similares sobre el último viaje del emigrado a su añorada tierra. Pero tío Raimundo no tenía ganas de sucumbir tan prematuramente. Seguro que esto no entraba en sus planes. Regresó para ocuparse del huerto y reunir a los viejos amigos de su quinta, desperdigados por el mundo.

Observo que la cachava de pastor apoyada en la mesita capta la atención del tío. Arruga la frente como un neonato ante el primer estímulo vital intentando asir el puño con ademán vacilante. Sigue sin advertir mi presencia. Entono un saludo casi ahogado al percibir la extrema fragilidad de sus piernas y la curvatura de su espalda. Las vértebras se podrían palpar a través de la chaqueta del pijama. Un hombretón reducido a la imagen de Ghandi, eso veo ante mí. “Háblale, a ver si te reconoce”, me sugiere la tía Conchita arrastrando sus zapatillas de tela de toalla detrás de mí para conducirme hasta la mesa. Deposita una bandeja de dulces y dice al marido: “Mundo, que ha venido la sobrina a verte”.

Recuerdo cada verano que he pasado en esta casa. El mes de vacaciones para los tíos era siempre agosto. Mis hermanos y yo veníamos dispuestos a pasar unos días en Boñar con ellos, lejos del sáhara madrileño y de la vigilancia de nuestros padres. Nos colmaban de regalos. ¡Aquel radiocassette! Yo fui dueña del primer aparato de doble pletina que hubo en mi barrio, allá por 1981. Fue regalo del tío. Venía en una enorme caja que llevaba el reclamo de un fabricante japonés. Menuda envidia levantó el regalo entre mis amigas del colegio de Madrid. Y, ¿cómo olvidar las deliciosas tabletas de chocolate que nos traían los tíos, con esos envoltorios alusivos a montañas de ensueño y placenteras vacas?  Las onzas se las rifaban entre mis hermanos y los críos del pueblo. Qué tiempos.

Sumida en estos pensamientos, la luz de la tarde me ofrece una versión muy avejentada del rostro de tía Conchita. Observo que el síndrome del cuidador ha hecho mella en ella. El tío levanta la mirada hacia la tía, receloso, cuando le trae un bol con sopa. Tomo asiento frente a él. Entre nosotros se interpone la bandeja de mantecados, la sopa humeante y la pelotita de goma que tío Raimundo ha olvidado en la mesa porque ahora el cayado es su objeto de deseo. Emite algo similar a un carraspeo y clava un ojo sobre mí (el ojo “bueno”), pero pierde de inmediato interés en mi persona y vuelve a ocuparse de su cachava. Con sorpresa descubro que el ojo “malo”, el de cristal azulado, sigue ahí. ¿Cómo he podido pasar por alto el rasgo más característico de tío Raimundo? Todavía me maravilla cómo era capaz de exhibir el ojo de cristal con ese desenfadado y sin parches.
Su particular leyenda nos convenció por un tiempo - siendo muy niños - de que regaló ese ojo derecho sano a un jeque árabe a cambio de un camello. El trueque me impresionó tanto en su día que durante un tiempo no dejaba de imaginar al tío paseando al jiboso animal por las calles de Ginebra como un trofeo. Se lo perjuraba una y mil veces a mis compañeros de escuela: “que sí, que mi tío el de Suiza tiene un camello suyo, se lo cambió a un árabe por el ojo derecho”. La mentirijilla duró hasta que mi propio padre se puso un día a disertar, muy serio, sobre el sacrificio de dejar a una hija en León al cuidado de los abuelos, sobre la necesidad de ganarse el sustento fuera de España y, encima, pasar por este trance: perder un ojo en el taller de montaje. “Y todo para que los ricos luzcan sus relojes Rolex”. Mi padre siempre fue contrario a todo artículo que le recordara el capitalismo. Para nuestros párvulos corazones –el mío y el de mis hermanos– saber la verdad sobre el accidente laboral elevó la figura del tío a casi categoría de héroe.

Observo ahora que ese ojo luce más apagado, pero combina mejor con su fisonomía actual. También la piel –antaño cetrina–  ha adquirido un extraño color hueso y unas arañas de finas venas azuladas surcan su rostro y sus sienes. “Ya le cuesta masticar”, disculpa la tía acercando el bol humeante al marido. Le prepara con suaves frases, como si fuera un bebé reacio a la comida, para que la acción de deglutir sea menos penosa para él. “La hora de tu merienda, Mundo. Y tú, niña, prueba un mantecado”.

Me he puesto a relatar al tío Raimundo mis años de estudios en el extranjero mientras sorbe la sopa con reticencia. La tía hace su papel de paciente enfermera cuchara en mano. Relato a sabiendas de que él está ausente. Mi largo doctorado, la sombría habitación en Inglaterra compartida con una estudiante griega, los duros trabajos finales…
“Mira tío, aquí me tienes. No me resignaba a un adiós en la distancia”. Pienso. Por su rostro, advierto que no le interesan mis cuitas académicas, pero sigo insistiendo en que trabajé mucho estos años – él mismo opinaba que el trabajo es vida –  y que no pude regresar de inmediato cuando el mal ya se había instalado en su cuerpo. Mi empleo como camarera por horas me daba para lo justo. Y, en honor a la verdad, tampoco tuve el valor suficiente para venir a comprobar yo misma los primeros estragos de la enfermedad.

“Pero aquí estoy, ¿ves tío? Vengo a pasar el verano con vosotros, como antes”. Lo digo en alto tomando su mano con cuidado como si levantara un pajarillo trémulo del suelo. Él sigue dando sorbitos de sopa sin soltar el cayado de pastor. La tía Conchita a duras penas esconde una ráfaga de emoción tras sus gafas de miope. El mes de octubre les traerá la alegría de una primera nieta. Si el tío fue capaz de aguantar hasta la boda de la hija, quizá también quiera aguardar hasta el otoño.


*Retreta: Jubilación o retiro, entre los emigrantes españoles en países francófonos. Procede del verbo francés retraite.

LA CARTA DE ABDOU (RELATO GANADOR)




A quien le pueda interesar.
Mi nombre es Abdou. Soy el hijo mayor de Abdou el Grande y nieto del muy venerado Abdou el Viejo. Tengo treinta y cuatro años y hace apenas unos segundos que he abierto mis venas con un cuchillo. La sangre que brota de mi muñeca y se extiende por la tarima es espesa como la tinta con la que he escrito durante un año, semana tras semana, las cartas a mi querida esposa Khady, oscura como las pesadillas que pueblan mis noches y caliente como el asfalto de esta maldita ciudad en donde nadie conoce a nadie, en donde nadie mira a los ojos.
***
Nadie menos ella, Adama. Ella sí me miró a la cara el día en que la conocí. Hacía un calor insoportable y yo estaba sentado en la acera, adormilado. Me puse de pie al verla y se quedó allí, plantada delante de mí, con sus enormes ojos negros y unos dientes blancos tan grandes que amenazaban con fugarse de su boca. Recuerdo ahora esa mirada y también cómo se agachó y comenzó a revolver los CDs que se extendían sobre una manta a modo de mosaico multicolor a mis pies. Mientras, yo soltaba mi monótona letanía: un disco, dos euros; tres por sólo cinco euros. Me quedé embobado mirando su pelo recogido en un moño sujeto por una cinta anaranjada. Miré sus manos, sus largos dedos acariciando la mercancía, sus brazos delgados perdiéndose bajo las mangas de la blusa color azafrán. Y no pude evitar que mi mirada viajara hacia el triángulo de tela que enmarcaba su escote y al nacimiento de unos senos que se intuían firmes y desafiantes. Alzó la mirada y me quedé turbado mientras apartaba nervioso mis ojos de aquella visión que era lo más cercano al paraíso que había visto en los últimos meses. Me vino entonces a la cabeza, sin saber muy bien porqué, una pregunta que me hizo un policía cuando fui detenido por primera vez. ‘Vosotros, los negros’, dijo escupiendo las palabras, ‘¿nunca os ponéis colorados?’, para soltar a continuación una carcajada sonora y hueca que retumbaba en mi cabeza cuando, en mitad de la noche, rodeado en mi camastro de oscuridad y de olor a sudor, me despertaba. Vosotros, los negros. Nosotros, los amos.

Al poner las monedas en mi mano, los dedos de Adama se quedaron enredados en los míos unos segundos que se me antojaron eternos. Sus dedos, negros como los míos. Su piel, negra como la mía y, al mismo tiempo, tan distinta, tan delicadamente distinta.
Aquella noche la soñé de una forma que jamás pude confesarle. Soñé su boca ancha, soñé sus caderas rotundas, soñé su sexo abierto y abracé la dura almohada pensando en el cuerpo de   Adama, mi Adama, mi amada, besándola y apretándola contra mí, rozándome hasta que me vacié, avergonzado, como un adolescente. Luego lloré.
Días después supe más de ella cuando la vi pasear acomodando su paso al de algunos hombres que caminaban por la plaza. A veces volvía a comprarme algún disco, a veces cambiábamos algunas palabras sin sentido. Y un día me tomó de la mano y me invitó a ir con ella.
***
Apenas me quedan fuerzas. Siento como la vida se me escapa poco a poco y los dedos se vuelven de plomo. En un rincón está ella. Pobre Adama. Parece dormida. Está bellísima, sentada como una marioneta a la que hubieran cortado las cuerdas, con las palmas de las manos hacia arriba y las muñecas como las mías, abiertas, ensangrentadas. Su cuerpo está ahí, pero ella ha viajado ya muy lejos. Me pregunto qué siente ahora y si ha encontrado por fin las respuestas a todo lo que deseaba saber y no fue capaz de preguntar.  
Esta tarde, en el pequeño apartamento donde nos encontramos, he visto en sus ojos toda la desesperación por la vida que no desea, todo el dolor contenido de sus miserias. Y también su  ojo amoratado, su pómulo hinchado, sus labios abiertos a golpes y sus lágrimas rodando hacia ninguna parte. No es nada, me ha dicho, no es nada. A veces ocurre. A veces los clientes se ponen violentos. A veces te obligan a hacer cosas que no quieres, pero no es nada, pasará. Luego, una súplica muda se ha asomado a sus ojos surcados por la angustia de sentirse doblemente marginada, por ser negra, por ser puta. Nos hemos amado de forma violenta y salvaje. Le he mordido la boca, me ha arañado la espalda, hemos gemido, hemos gritado,   hemos llorado y, sin palabras, sólo con miradas, hemos decidido buscar un atajo con el que burlar al destino.
Perdóname, Adama. Perdóname tú porque nadie más lo hará. Mi esposa Khady y mis hijos, mis dos pequeños, no podrán entender jamás el que no haya regresado a por ellos, el que no haya vuelto con las manos llenas de ilusiones como otros lo hicieron. ¿Qué será ahora de todos?  ¿Quién los cuidará? ¿Por qué abandoné mi aldea? ¿Por qué me deje tentar por un paraíso inexistente? ¿Por qué? ¿Por qué? Maldigo este país. Maldigo todo y a todos. A los que vinisteis a buscarme al poblado; a los que me engañasteis con la promesa de un cielo nuevo al otro lado del muro de alambre de espino; a los que empujasteis a viajar como un animal aplastado entre cuerpos sudorosos y trémulos; a los que abandonasteis los cadáveres de los que no pudieron sobrevivir a la travesía del desierto; a los funcionarios corruptos que sobornasteis en cada frontera; a los que inventasteis las palabras ‘sin papeles’, ‘cupos’,  ‘permiso de residencia’, repatriación’; a los que os sentís dueños del destino de los desheredados; a los traficantes de esperanzas; a los que comerciáis con el dolor ajeno, ese dolor que se clava como una daga en el alma cuando ves a tus hijos buscar agua arañando la tierra, cuando ves sus ojitos apagados por la falta de un plato de lo que sea, cuando ves a tu mujer acurrucada en un rincón con un llanto seco, cuando ves a tu padre mirando al cielo en espera de un milagro. Sí, os maldigo a todos, hijos de Satanás, y también reniego de los dioses del mar y de las tormentas que hicieron que aquella noche el horizonte se quebrara con una furia infernal y que zarandeara el cayuco, inundando de espuma helada nuestros cuerpos helados, arrastrando a su tenebrosa oscuridad siete almas. Siete vidas. Mil sueños. Un millón de gritos. Todo hundido en la noche más negra de todas las noches. ¡Malditos seáis!
Pero ya nada importa. El fin está cerca. Mis párpados son ahora de piedra. Apenas puedo sujetar el lápiz. Estoy cansado, muy cansado, y tengo miedo. Mi vida ya no es más que un reguero de gotas rojas que resbalan hacia el infierno. Vienen a mi cabeza en este momento las historias que me contaba mi padre, alrededor de la hoguera en los crepúsculos estrellados, sobre el viaje que todos debemos de emprender hacia la otra orilla. Las mismas leyendas que habían perdurado a lo largo del tiempo, pasando de una generación a otra durante siglos. Oigo la voz de mi madre, sermoneándome por estar holgazaneando asomado a la ventana de la choza mientras ella cocina. Escucho como vociferan los incansables tambores en los días de ceremonia  y su eco grave multiplicado por las montañas. Veo de nuevo mi tierra sedienta y allí, en el fondo, una silueta indefinida, rodeada de un halo de luz con la mano tendida.  
Eres tú, Kadhy. Eres tú, Adama.
Esperad, esperad…  Ya voy. 

CARLOS GARRIDO RUBIO. GANADOR DEL IV CONCURSO DE RELATOS "LA MALETA DEL TÍO PACO"




¡ felicidades de nuevo Carlos, por ser el ganador de este año!
Le pedí a Carlos que me enviase unas palabritas para conocerlo un poquito más y me ha enviado este simpático y revelador  relato-retrato de sí mismo....¡los locos al poder!

"Madrileño de nacimiento (nadie es perfecto), fui inoculado hace muuucho tiempo con el virus de las palabras y las casi infinitas formas de jugar con ellas. No creo que sean necesarios más datos porque no es cuestión de aburrir al personal y porque sé de buena tinta que hay muchos infectados con esa bendita enfermedad. Los síntomas son claros: cierta tendencia a quedarse colgado de una luna menguante, atracción por las madrugadas lluviosas, profesionales del insomnio, incondicionales del blanco y negro, castigadores del hígado a base de bourbon del bueno (uno ya tiene una edad como para alejarse del whisky barato) y creyentes a pie juntillas de que es posible encontrar aún aventuras en la segunda estrella a la derecha, en un país en el que los señores de negro y sus amaestrados borreguitos no han podido poner sus infectas pezuñas, simplemente por su incapacidad de imaginar algo que no tenga que ver con el Euribor y la madre que lo trajo.

Somos legión, no lo dudéis. Cuando seamos mayoría, los locos serán ellos."




10/6/13

CLASIFICACIÓN FINAL


 RELATO GANADOR: La carta de Abdou

Autor, Carlos Garrido (Seudónimo, Abdou el Joven) natural de Madrid.
¡Enhorabuena Carlos!
La clasificación final es la siguiente:


1º- LA CARTA DE ABDOU  de Carlos Garrido Rubio (Seudónimo  Abdou el joven)
2º-TÍO RAIMUNDO de Nuria García González
3º-VIAJEROS DE ÍTACA de José Berrio Carrasco
4º-EL SECRETO DEL OTOÑO de Mayte Gómez Molina y CON TUS DIENTES DE MARFÍL de Eva Carmona Ruiz (Ex aequo)


5º-NOMBRAR HERMANOS de Miguel Ángel Gayo Sánchez
6º-SUSPIROS DE ESPAÑA de Ana Vega Burgos
7º-REGRESO AL ROBLEDAL de Ildefonso García Ruiz
8º-LA ÚLTIMA CONVERSACIÓN de  Tra Na Bel
9º-BIENVENIDO A MI VIDA de Ludoplanet
10º-POSTAL DESDE LONDON de Ricardo Aller Hernández
11º-LA NARRADORA DDE HISTORIAS de Amanda
12º-EN TIERRA EXTRAÑA de Provi Miras Flores
13º-PARTIDAS de Alayda
14º-LOS ZAPATOS DEL AMOR de Juan Manuel Maestre Carbonell
15º-UNA PRECIOSA TIERRA BAÑADA POR UN GRAN MAR de Eva Castro Outeriño
16º-PERFUME PARA CONMEMORAR de Guillermo Ondarts
17ºLOS BOLSILLOS SECRETOS de Mª Dolores Haro Barrionuevo
18º-LAS TARDES CON VICKY  de Antonio Trujillo García
19º-RENACER de Spider


  Mañana conoceremos mejor al  ganador del IV Concurso y publicaré los 4 primeros  relatos (en este caso serán 5 debido al empate) .
 De nuevo ¡¡Gracias a todos!!Os felicitamos por vuestra valiosísima participación y os recuerdo que el día 6 de Julio , a la 21,30 h. tendrá lugar la Velada Literaria en un rincón  muy especial de Fontanar, el Caño de San Antonio. A la luz de las estrellas leeremos preciosas  historias de emigrantes ....¡No faltéis!.



8/6/13

LISTA DE RELATOS SELECCIONADOS (2ª FASE)


El listado está por orden alfabético, no tengáis en cuenta la posición de vuestro relato. Si encuentras tu relato en la lista ¡ENHORABUENA! ya van quedando menos...
Publicaremos la selección final el día 10....¡MUCHA SUERTE!

BIENVENIDO A MI VIDA
CONTUS DIENTES DE MARFIL
EL SECRETO DEL OTOÑO
EN TIERRA EXTRAÑA
LA CARTA DE ABDOU
LA NARRADORA DE HISTORIAS
LA ÚLTIMA CONVERSACIÓN
LAS TARDES CON VICKY
LOS BOLSILLOS SECRETOS
LOS ZAPATOS DEL AMOR
NOMBRAR HERMANOS
PARTIDAS
PERFUME PARA CONMEMORAR
POSTAL DESDE LONDON (INGLAND)
REGRESO AL ROBLEDAL
RENACER
SUSPIROS DE ESPAÑA
TIO RAIMUNDO
UNA PRECIOSA TIERRA BAÑADA POR UN GRAN MAR
VIAJEROS DE ITACA

7/6/13

ESCRIBIR ES SOÑAR




Seguro que muchos de vosotros estaréis esperando con expectación  la relación de relatos que pasan a la segunda fase (sobre todo los que habéis pasado la primera selección), debe ser emocionante ver el título de tu relato en la lista…
Para el Jurado está siendo difícil, y para mí (que me mantengo al margen), mucho más, pues  los he leído todos y reconozco lo complicado que es elegir…Yo  me quedo con todos, porque con  cada uno de ellos llega hasta mí un poco de vosotros, los escritores que decidís participar en nuestro concurso. Durante cuatro meses he sido la destinataria de vuestras historias… he aprendido, me he emocionado, he reído, reflexionado, soñado…¡GRACIAS!
 El poder de la palabra es tremendo.
Cada vez que llegaba un relato de algún lugar remoto, o cercano, trazaba un hilo imaginario desde el lugar de origen hasta Fontanar. Cuando tenga tiempo me entretendré en plasmarlo en un mapa, a ver qué dibujo resulta de unir  todos los puntos de origen de vuestras historias. La pasión por escribir  es ese hilo conductor que nos une, el deseo, casi  la necesidad para muchos, de crear historias o de contar las historias de otros, o las propias.
Os animo a seguir escribiendo, os animo a seguir soñando.
¡SUERTE A TODOS !