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28/5/09

I CONCURSO DE RELATOS "LA MALETA DEL TÍO PACO"


Hola a todos: Como os prometí, hoy ha quedado constituido el Jurado que seleccionará a los 10 finalistas y al ganador del concurso.

Miembros del Jurado:
Ana Robles (Historiadora de Arte y Comisaria de Exposiciones)
Gregorio Jiménez (Profesor de Primaria)
Paula Sánchez ( Estudiante de Filosofía)
Sebastián Bonill (Educador Social)

He querido que los miembros del jurado fueran personas muy distintas pero con un denominador común, el amor a la literatura. Son todos ellos grandes lectores y estoy convencida de que sabrán valorar con ecuanimidad el trabajo de todos los participantes.
¡¡¡suerte a todos!!!!

27/5/09

UUAHH..¡BUENOS DÍAS DON CAMINO..DE SANTIAGO!!


Al final la noche no resultó tan difícil de pasar como esperábamos, de hecho fue de agradecer que nos cambiaran la reducida parcela que nos tocaba en la recepción del albergue por la de la cocina, que llegó a convertirse en una estupenda e íntima suite para las cuatro “Marías” (la de los Ángeles, la del Pilar, Mª Manuela y una servidora, “La Niña”, también con algo de María, por supuesto).
No solíamos tener demasiado tiempo para dormir: después de los resúmenes diarios de la jornada y las risas, a la sensatez del “mañana hay que madrugar” no le quedaba demasiado que hacer pero… ¿¡y lo bien que lo hemos pasado esos ratitos?!!!
Aquel día nos despertamos demasiado pronto (¿he dicho pronto? quería decir que era temprano incluso para ser temprano incluso para ser temprano…) , con el cuerpo casi tan dolorido por el cansancio como por el poco reposo que nos habían ofrecido aquellas finísimas colchonetas que, a pesar de arrastrarlas innecesariamente cada jornada (otra de esas cosas “imprescindibles” que resultan no serlo tanto), apenas habían cumplido con su cometido de aislarnos del frío y la humedad del suelo; su escaso centímetro de espesor no podía ser suficiente para paliar tanto frío y agotamiento juntos, aunque el goteo incesante del grifo, algunas moscas insomnes con las que compartíamos la habitación, los ronquidos en todos los ángulos del recinto y el ir y venir de las chirriantes puertas de los baños tampoco colaboraron en nuestro descanso.
La verdad es que al final se nos hizo más bien corta, como todas aquellas en las que necesitas que se alarguen los minutos que te puedes permitir en posición horizontal. Apenas tuve tiempo de dar un par de vueltas dentro del saco (que, por cierto, tampoco permite muchas más bajo riesgo de enroscamiento), hacerme un hueco entre el hombro de la compañera de la derecha y los tobillos de la de la izquierda y un par de ligeros parpadeos antes de perder de vista las patas de la mesa, las gastadas baldosas que nos rodeaban y dejar de escuchar ese murmullo que suele acompañar a las mujeres…zzzzzz… De repente, una moderna cancioncilla (las nuevas tecnologías llegan a todas partes) nos recuerda que debemos empezar un nuevo día: quedan aún muchos kilómetros para llegar a nuestro destino y hay que saborearlos y sufrirlos todos y cada uno. Claro que siempre hay quien tiene menos sueño, más prisa y el volumen del despertador más alto, por no nombrar las ingratas melodías que utilizan para ponerse en pie.
Dominadas por la inercia, repetimos los movimientos rutinarios de cada madrugada: “quítate el pijama”, “vístete”, “dobla el saco”, “no puede ser que ahora no quepa en la funda”, “coge el neceser pero no hagas tanto ruido”, “¡vaya hombre, ya hay cola en los servicios”, “pues anda, mientras tú te arreglas yo redistribuyo las cosas en la mochila, que no me caben los calcetines”, “mira a ver si te dejas algo”, “shhhhh, las bolsas, que hay gente durmiendo”, “anda, el gracioso que anoche no tenía sueño”, “venga, vámonos, que por pronto que nos levantemos siempre pasa lo mismo”, “oye, que yo no he terminado aún”, “si es que ya sabía yo que no servía de nada madrugar con vosotras”, “ehhh, que no veo nada!”…
Armadas con linternas y con los cuerpos aún adormilados abandonábamos el tímido pueblecito que nos había cobijado aquella lluviosa noche de agosto.
La enorme mochila parecía pesar mucho más que cuando nos la quitábamos el día anterior, solía pasar; las botas amenazaban con haberse olvidado de la forma de los castigados pies con los que llevaban tantos pasos compartidos. Los kilómetros (que parecían multiplicarse a medida que avanzaba el día) se encargaban de anestesiar “ese tironcito”, “el calcetín que parece que me hace no se qué”, “ese tirón que se me resiente siempre en el mismo gemelo”, “creo que se me ha metido una piedrecita”, “ no me digas que me ha salido una ampolla y eso del Compeed me parece que no va muy bien”, “a ver si paramos y me pongo un poquito de Reflex”… Con la lengua ocurría justo lo contrario. Empezábamos con apenas unos “buenos días” gruñidos entre sueño, cansancio y el preguntarnos qué hacíamos allí si no habíamos sido tan malas en la otra vida; pero no tardábamos en calentar la musculatura facial y entonces… ¡éramos la envidia del Camino!: cuarenta kilómetros sin parar de hablar y reír. Hombre, tiene su mérito. En cada etapa el mundo quedaba arreglado, la comida del marido a cientos de Km. lista y el “a ver si no te acuestas muy tarde”, “el niño (33 años), ¿qué hace que no me llama?”, “si es que si yo no estoy los platos no se friegan”, “que haga la cama”, “vamos muy bien, Barto”, “no, Antonio!, es el pueblo, que se llama Hospital”, “seguro que te estás aprovechando ahora que no estoy y de ensaladas nada, todo fritos y grasa”, “ay!, ¡yo también te echo de menos!”.
De aquel amanecer recuerdo la magia del silencio apenas quebrado por el crujir de nuestros propios pasos sobre el sendero pedregoso que se detenían si perdíamos de vista las señales. Bastaba un gesto para retomar la marcha acompasada de las piernas cansadas de las cuatro.
El peso en la espalda obligaba a mirar el suelo. La penumbra cubría el paisaje típicamente gallego, “el verde más verde” lo era un poco menos a esas horas y las piedras más grises, bañadas aún por la humedad de la zona que las oscurecía por ese lado que dejaban al descubierto sólo cuando una de nuestras botas no se levantaba demasiado y las hacía rodar. Eran pocos los insectos que habían decidido disfrutar de las gotitas de rocío que salpicaban los arbustos que marcaban la senda. Algún caminante exhausto dejó un pantalón sobre un hito con una nota, “por si alguien los necesita”. Un poco más adelante, otra hojita de papel junto a una charca, “peces de colores”. Es la magia del Camino.
Empezaba a levantarse un poco de luz... parecía que el día iba a ser soleado, de esos que acaban por derretir los ánimos del peregrino. Se podían apagar las linternas y devolverlas, junto con esa ropa que empezaba ya a sobrar por el calor, a su rincón (milimétricamente calculado) de la casita que cargábamos a cuestas. Serían unos gramos más que no nos facilitarían la subida que se preparaba delante de nosotras, para nuestro pesar. La respiración, algo más agitada por el desnivel, nos recordaba que seguíamos siendo cuatro, “las cuatro”.
Al llegar a la cima recordé aquella frase que tantas veces había oído, antes y durante la aventura: “en el Camino no hay nunca que volver la vista atrás”. Pero decidí hacerlo, en parte para saborear a qué podía saber ese pecadillo y otro poco como excusa para tomar aliento, no nos engañemos.
Allí, en el lugar al que instantes antes me encontraba dando la espalda, un inmenso sol rojizo se abría paso en mitad del cielo, apenas pincelado por unas nubes que no conseguían sino embellecerlo.
En aquel instante me sentí pequeña y noté una de esas sensaciones difíciles de explicar que no se olvidan. Y lloré. Por el momento, por todas esas veces que me habían preguntado qué sentido había en caminar tanto, madrugar, mal dormir,… sentí algo muy cercano a la pena por todos los que no entenderían la respuesta, por los que dejan escapar esos pequeños grandes detalles y por lo mágico e inolvidable que estaba resultando aquel efímero peregrinaje a Santiago. Y lloré por mí, porque algún día no volvería a ver salir el sol.
En el Alto do Poio aprendí que es bueno poder mirar atrás, que algo tan simple y espectacular como un amanecer puede ser un espectáculo privilegiado y que el mejor equipaje que uno puede llevar son los buenos recuerdos y quienes participan de ellos.
Dejando tras de mi la sensación de haber vivido otra preciosa forma de empezar el día , volví con el grupo ( “la Niña, que siempre se queda atrás”) y continuamos la marcha a Santiago: “si tengo que parar otra vez a hacer pis es por las pastillas de la tensión, que se pierde mucho líquido”, “oye, que me esperéis!!”, “a ver si encontramos pronto un sitio para tomar un café calentito”, “un momento, que voy a hacer una foto, sácame la cámara, hazme el favor, que está entre la capa y la gorra”, “ya está, otra vez hablando con el vasco”, “pues que tengo yo antojo de huevos fritos, mira por dónde”, “digo yo que mientras paramos me podrías dar un ‘poquito de masajito,’ que noto aquí una cosilla rara” (así, en diminutivo, señalando el mismo punto de dolor que sufríamos las demás en silencio pero..” ella más”, con carita de pena, para que no pudiera negarme).
Ahhh!!! Qué momentos aquellos… Sin duda daría gracias al apóstol y a cada flecha amarilla por el Buen Camino y por haberme llenado la mochila de oportunidades sublimes como aquella de ser un poquito más feliz.
Rosa María Alcalá Hidalgo

24/5/09

I CONCURSO DE RELATOS "LA MALETA DEL TÍO PACO"


Hola a todos: La maleta del tío Paco se va llenando de maravillosos relatos que llegan cada día. La fantasía, ternura, imaginación, denuncia, amor….forman parte del contenido de esta mágica maleta.
En este rincón, donde comencé a contaros la historia de La Chamba y sus visitantes, hago un paréntesis para dedicarlo plenamente al concurso de relatos “La maleta del tío Paco”, cuando concluya el mismo retomaré la 1ª iniciativa, aunque en vista de la buena respuesta recibida, puede que convoquemos otro……
La próxima semana quedará constituido el jurado del concurso y se publicarán sus nombres en el blog.
Recordaros que hasta el día 7 de Junio podéis enviar relatos, en la semana del 8 al 14 de Junio se seleccionarán a los 10 finalistas y en la siguiente semana se dará a conocer al ganador del concurso. Nos pondremos en contacto con el ganador del concurso para concretar la fecha de alojamiento en La Chamba.
Os agradecemos vuestra participación y os deseamos ¡¡¡suerte!!! La Chamba os espera…..

21/3/09

EL MAR EN LA CHAMBA


Cuando era pequeña, más pequeña, a veces deseaba cosas que pedía a mi madre, podía ser un vestido, un perro, un juguete, una fruta etc y cuando no podía concederme la tan deseada petición siempre contestaba -pues como no lo pintes- y yo iba y lo pintaba. Recuerdo haber pintado un viaje a China después de leer la historia de Marco Polo , unos zapatos de charol con un lazo blanco como los que tenía mi vecina Pili, un perrito caniche con trajecito de lana, y a saber cuantas cosas más pude pintar que siguen ahí en algún rincón de mi memoria . La casita de muñecas me la fabriqué directamente, pensando que el Rey Baltasar no daba con la dirección de mi casa porque tenía un portalillo que ocultaba el número. Me quedó preciosa, con las cortinillas en las ventanas, la cunita de cascarón de nuez, las camas con cajas de cerillas, etc.El caso es que este era un “método” que me servía para conseguir las cosas, porque la mayoría de las veces acababa teniendo lo deseado.

La Chamba está en el interior ,por lo que a veces añoro el mar, así que durante 3 días lluviosos me propuse pintarlo allí, dentro de la cueva, un rincón fantástico, y he abierto una ventana al mar….solo tengo que saltar a través de ella y ya estoy en mi playa ….de un salto a la primera roca y de otro a la segunda donde sentarme a leer mi libro preferido al amanecer, o al atardecer….siempre con el mágico sonido de las olas y el olor a mar.

ESTE TRAMPANTOJO LO HE PINTADO CON ACRÍLICOS Y APROVECHANDO UNA ANTIGUA VENTANA DE MADERA RESCATADA DE UNA RUINA ,QUE SIRVEN DE MARCO A LA COMPOSICIÓN Y DAN MUCHO JUEGO….CIERRO, ABRO, CIERRO, ABRO..

14/3/09

I CONCURSO DE RELATO CORTO “LA MALETA DEL TÍO PACO”



Bases:
*-Relatos inéditos en castellano y tema relacionado con viajes o maletas.
*- El premio consistirá en dos noches de alojamiento para dos personas en “El planetario”, habitación principal de casa rural La Chamba (fecha a convenir)
*- Las obras tendrán una extensión máxima de 5 folios y mínima de 2, tipo letra ARIAL tamaño 12, y por una sola cara.
*-Podéis mandar todos los relatos que queráis al siguiente correo: ruralgestion@hotmail.com, junto con vuestros datos personales y teléfono de contacto..
*-El fallo tendrá lugar el 7 de junio y el relato ganador aparecerá publicado en chambarural.blogspot.com.
*-Todos los relatos se guardarán en la maleta del tío Paco.
¡¡Os esperamos en La Chamba!!

14/2/09

VILLA GATO


Llevo cuatro días recorriendo el Algarve y me acompaña un cielo azul maravilloso y una temperatura tan cálida que no puedo creer que aún es febrero. Con eso de atrasar el reloj una hora, ando despistada, el tiempo “corre lento”.Me encuentro con rincones maravillosos, sobre todo en los pequeños pueblos del interior e intento captar (cámara en mano) los bonitos paisajes y también los pequeños detalles que me sirven para conocer mejor a esta gente que me parece hospitalaria y tranquila.
Tavira, Loulé, Silves, Faro, Monchique, Caldas de Monchique, Alté, Salir…grandes y pequeños pueblos a los que afortunadamente aún no ha llegado ese turismo masivo que acaba con la gracia y el encanto de algunos lugares y los convierte en algo muy distinto a lo que fueron en su origen. En Tavira es una delicia pasear por la ribera del río Gilâo, o sentarse a tomar un café en algunas de sus terrazas para observar el paisaje salpicado de pequeños barcos de pescadores, gaviotas y otros pájaros marinos…y oler a mar aunque no se vea. Los azulejos que alicatan las casas del Algarve son una maravilla, y también la gran variedad de ventanas, las fachadas de colores, el empedrado de las calles, las chimeneas caladas….
Resumiendo, El Algarve que conozco =
*azulejos de colores
*bonitas ventanas
*olor a mar
*maravillosas chimeneas
*pescado asado
*deliciosos dulces
*calles empedradas
*buena gente
Y mañana me espera Lisboa.
Esto podía ser un relato para el concurso de relatos LA MALETA DEL TÍO PACO pero no lo es, de verdad viajo por Portugal y estoy encantada. Pero os animo a que participeis en el concurso que el premio merece la pena.

23/1/09

I CONCURSO DE RELATO CORTO "LA MALETA DEL TÍO PACO"


Mi madre conservaba una vieja maleta de madera con unos gruesos remaches en las esquinas.-Esta maleta es de tu tío Paco que era muy aventurero, y con ella recorrió medio mundo- me dijo un día mamá- El tío Paco acabó en Buenos Aires . Recuerdo que apareció unas Navidades acompañado por una extravagante señora que se cubría con un extraño sombrero y un largísimo chal . Imaginé que sería actriz y el tío Paco su representante teatral. Hice un dibujo del tío Paco y la extraña señora y lo guardé en la maleta de madera, junto con el resto de mis dibujos .Me pasaba el día dibujando la vida, lo dibujaba todo, a mis padres, mis hermanos, mis gatos, el plato de lentejas, las macetas del patio…y todo lo guardaba en la maleta del tío Paco. También dibujaba los lugares imaginarios del aventurero tío: animales exóticos, palmeras, barcos de vela…

Allí estaban todos mis tesoros, mis dibujos y mis cuentos preferidos. En aquella maleta quedaron pedazos de mi infancia junto con el deseo de conocer el mundo.

40 años después.

Por delante de mí subía Jesús con su linterna de minero sujeta a la cabeza, abriendo camino en la oscuridad de aquella casa abandonada y vacía.

Llegamos a la buhardilla, hacía frío y el suelo estaba húmedo y embarrado. El haz de luz de la linterna se movía dibujando sombras inquietantes, silencio absoluto. Me acerqué a Jesús y le dije al oído- enfoca aquél rincón, creo que hay alguien agazapado- Jesús volvió lentamente la cabeza y un haz de luz la iluminó….¡Dios mío, es igual que la maleta del tío Paco! La saqué de aquella fría buhardilla y hoy ocupa un lugar especial en “El planetario” una bonita habitación de La Chamba.

Se convoca el I concurso de relatos cortos para guardar en esta maleta…..

I CONCURSO DE RELATO CORTO “LA MALETA DEL TÍO PACO”

Bases:

*-Relatos inéditos en castellano y tema relacionado con viajes o maletas.

*- El premio consistirá en dos noches de alojamiento para dos personas en “El planetario”, habitación principal de casa rural La Chamba (fecha a convenir)

*- Las obras tendrán una extensión máxima de 5 folios y mínima de 2, tipo letra ARIAL tamaño 12, y por una sola cara.

*-Podéis mandar todos los relatos que queráis al siguiente correo: ruralgestion@hotmail.com, junto con vuestros datos personales y teléfono de contacto..

*-El fallo tendrá lugar el 7 de junio y el relato ganador aparecerá publicado en chambarural.blogspot.com.

*-Todos los relatos se guardarán en la maleta del tío Paco.

¡¡Os esperamos en La Chamba!!